Ventana con la Medusa de Caravaggio asomada y unas manos que arañan el marco. Evoca el miedo y el terror. Loco Mundo Arte y Bohemia

UN VIAJE AL INFIERNO

ARTE Y TERROR

La representación de los miedos más profundos del ser humano siempre ha sido un tema recurrente en el arte. Unas veces para dar miedo, y así tener el control. Otras para mostrar el miedo interior, subjetivo y quizás más aterrador, de los propios artistas. Un tema que, a pesar de todo, siempre genera morbo, hasta llegar a resultar, en algunos casos, atractivo.

«...y he de llevarte por lugar eterno, donde oirás el aullar desesperado...»

Divina Comedia -Infierno (Canto I). Dante Alighieri.

¿QUÉ NOS PRODUCE MIEDO?

Las cuencas vacías de un rostro que te mira, sin vida, desde los pies de tu cama. Los fantasmas que, como espectros, pueblan la oscuridad de la noche. El sonido de una voz de ultratumba que te susurra al oído. Los gritos de los condenados a un castigo eterno de fuego y angustia en el Infierno…

A lo largo de la historia, lo que nos provoca miedo se ha ido transformando. Desde la furia de la naturaleza, la ira de los dioses, el infierno del diablo, las brujas del medievo, el castigo del dios cristiano.  Pasando por la guerra, la violencia, el hambre, el dolor, la enfermedad, la MUERTE. Hasta la angustia existencial que acosa al ser humano actual. Cada cual tiene sus propios miedos y un escalofrío nos recorre el cuerpo ante una dimensión desconocida e inexplicable.

En la Antigüedad lo grotesco, lo feo e incluso lo espantoso se ofrecían como oposición al concepto de belleza y también como ejercicio intelectual. A finales de la Edad Antigua, la Iglesia Católica comienza su momento cumbre en la historia y su poder aumenta inquietantemente.

Llegamos así a la Edad Media, su época de mayor protagonismo, cuando su dominio se extiende a todas las materias: arte, política, economía y, lo más importante, el saber… dotando a la mentalidad de aquellas gentes de una visión maniquea entre el bien, identificado con la belleza, y el mal, sinónimo de fealdad.

Es en la Edad Media cuando se inician las persecuciones, prohibiciones y torturas comandadas por los obispos y clérigos en contra de los herejes. Muchas mentes brillantes son acusadas y ejecutadas públicamente por brujería o herejía. Es por ello que la Iglesia Católica, a lo largo de los siglos, ha sido una institución generadora de mucho miedo, porque aterroriza a los fieles con el miedo al infierno de las llamas eternas y los suplicios del demonio.

Es así como en el Arte encontramos un terror controlado por la Iglesia, su principal mecenas, tanto en la arquitectura de sus iglesias, como en las esculturas que las adornaba, y en las pinturas que encargaban (gárgolas, bestiarios, portadas…). Todo en aras de un adoctrinamiento que garantizase el mantenimiento de su poder.

Desde nuestra sociedad católica, se nos han inculcado unos valores basados en la tradición cristiana, donde el diablo representa todo lo que el ser humano teme: «la maldad en estado puro que destruye el alma y la arroja al abismo del olvido.»

En la actualidad, el Arte ya no trata de adoctrinar, sino de provocar; ya no trata de convencer, sino de poner en duda. Ahora ya no es solo terrorífico, sino algo quizás peor: ahora es inquietante, tanto por lo que expresa (dolor, soledad, engaño, marginación…) como por la manera en que lo expresa (happenings, performances, arte conceptual…). Un arte por muchos incomprendido y que sin embargo interpela directamente a nuestros sentimientos y nuestro intelecto. Un arte que refleja la sociedad que hemos creado y es por eso, quizás, por lo que no queremos entenderlo: no nos gusta lo que vemos.

10 OBRAS CLÁSICAS DE HORROR Y MIEDO

El universo del arte está lleno de obras que representan diablos, brujas y demás seres que habitan el averno. Escenas de violencia, dolor y muerte se suceden. Un viaje al infierno en el que los grandes artistas dejan escapar sus propios demonios.

Su fértil imaginación nos lleva, unas veces, por caminos fantásticos; otras, a través de visiones siniestras. Un mundo alucinatorio que nos permite conocer uno de los sitios más temibles de la religión: el Infierno, allí donde el pecado se castiga de manera terrible.

Tríptico de la Vanidad terrenal y la Salvación eterna por Hans Memling. 1485

La Muerte: un esqueleto con un sapo en sus genitales, rodeado de negrura y sobre una tumba abierta.

La Vanidad y la Lujuria: una mujer desnuda mirándose al espejo, mostrándose sin pudor.

El Demonio cuyas piernas, terminadas en garras, empujan a los condenados al fuego eterno hacia la Boca del Infierno. Es el símbolo de la Condenación.

El Triunfo de la Muerte por Pieter Brueghel el Viejo. 1562

Batallones de esqueletos, protegidos por escudos de tapas de ataúdes, atacan con sus guadañas a hombres y mujeres que son conducidos a un enorme túnel con forma de ataúd. Es la Muerte que avanza, en una vista panorámica de ciudades ardiendo y barcos hundidos. Una alegoría a los horrores de la guerra.

El desollamiento de Marsias por Tiziano. 1576

Es el horror de la tortura. Tras un duelo musical en el que salió perdedor, Marsias, el sátiro mitad hombre mitad carnero, es desollado vivo ante la imperturbable mirada de su vencedor Apolo, que disfruta de su lenta agonía. 

Tiziano consiguió un cuadro estremecedor: Un perrillo que lame la sangre que cae al suelo; una mano con un cuchillo en el acto de cortar la carne; un caldero preparado para recibir las tiras ya cortadas; las figuras apiñadas a su alrededor para no perder detalle… Una escena envuelta en claroscuros que acentúan el dramatismo y la barbarie del suceso.

La Matanza de los Inocentes por Peter Paul Rubens. 1612

No hay mayor terror que el de imaginar que te arrebatan a tu hijo y lo asesinan ante tu impotente mirada.

Este cuadro retrata una escena bíblica recogida en el Evangelio según San Mateo (ep.2), en la que el Rey Herodes I manda matar a todos los niños judíos menores de 2 años con el fin de aniquilar a Jesús, al que todo el mundo profetizó como Rey de los judíos.

Una escena de gran violencia, con los cuerpos inertes de los niños muertos en la parte inferior del cuadro, en contraste con las figuras que se retuercen en imposibles escorzos tan del gusto del Barroco.

Judit decapitando a Holofernes por Artemisia Gentileschi. 1613

Un año antes de pintar este cuadro, su profesor de pintura Agostino Tassi la violó. Él no cumplió ni un solo día de cárcel, mientras que ella fue humillada durante el juicio al ser torturada con exámenes ginecológicos y pruebas de dolor para ver si decía la verdad. Así que ¿por qué no matar a su agresor en el cuadro? Artemisia Gentileschi, convertida en un gran icono del feminismo por representar en sus lienzos a mujeres fuertes sin el yugo masculino, pinta aquí a dos mujeres metidas en faena con gesto resuelto y una violencia descarnada que nos hace pensar en Judit como la sicaria contratada por Artemisia para llevar a cabo la venganza contra su violador. Mientras la criada sujeta el cuerpo del sorprendido Holofernes, Judit corta con la espada su cabeza, de la que brota la sangre a chorros.  

Debido a la violencia con que se representa la escena, la obra fue colocada en un rincón oscuro del Palacio Pitti y solo después de la muerte de Cosimo II, Artemisia pudo cobrar el pago por su trabajo, gracias a la ayuda y mediación de su amigo Galileo.

El blasfemo — El Gran Dragón rojo y la mujer revestida en sol — Infierno

«El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera.» – Apocalipsis 12:3-4

William Blake (1757-1827)

Poeta, pintor y, sobre todo, un espíritu libre al que se calificó de “visionario”. Su intensa espiritualidad lo llevó a fusionar estas dos artes, creando un mundo de ensueño en el que la imaginación lo era todo, y donde las fuerzas del bien y del mal conviven en un conflicto eterno.

Incomprendido y rechazado, fue considerado un artista maldito por sus contemporáneos. Ahora sabemos que William Blake fue un ser libre atrapado entre dos mundos.

La balsa de la Medusa por Theodore Gericault. 1819

Símbolo del sufrimiento humano, esta monumental obra representa la tragedia que vivieron los náufragos de la fragata Medusa en 1816. Durante 13 días, 147 hombres navegaron a la deriva en una balsa de tablones en la que fueron abandonados, tras cortar las cuerdas que la unían con los botes salvavidas ocupados por el gobernador, el capitán y los oficiales de más alto rango.

Sin comida, sin agua, y sin espacio suficiente, en la balsa se desencadenó la lucha por la supervivencia. Después de varios días de sed, locura y canibalismo, solo 15 hombres sobrevivieron.

Gericault pintó una historia real de horror y desesperación, haciéndonos partícipes del egoísmo y la brutalidad de la que podemos ser capaces los seres humanos.

Saturno devorando a su hijo por Francisco de Goya. 1823

Saturno, el dios griego que representa el tiempo, devora a sus hijos ante el temor de que lo desplacen. En la pintura (perteneciente al conjunto de obras conocidas como Pinturas Negras), Goya nos muestra el terrible momento en que Saturno desgarra y engulle a uno de sus hijos. El expresionismo con que lo pinta servirá de inspiración a futuros artistas: la negrura del fondo que hace resaltar el rojo de la sangre y el blanco de unos ojos casi implorantes, las fuertes pinceladas que dibujan un cuerpo anciano casi deforme, la boca abierta como fauces, las manos desesperadas que estrujan el frágil cuerpo del niño ya inerte…

Su violencia nos sobrecoge, al punto de ser una de las pinturas más atormentadas que se conocen. ¿Y cómo no serlo? Al fin y al cabo representa el inexorable paso del tiempo, que todo lo devora hasta hacernos caer en el olvido.

Medusa por Franz von Stuck. 1892

Medusa, la figura mitológica con cuerpo de mujer y cabellos de serpientes, convertía en piedra a quienes se atrevían a mirarla a los ojos. Perseo utilizó su escudo como espejo y así fue como pudo decapitarla.

Y es esa mirada junto con las serpientes y su decapitación, lo que hacía que fuera un tema muy atrayente para ser representado.

Mientras que Caravaggio escenifica el momento justo en el que Medusa pierde la cabeza, todavía viva entre el enfado y la sorpresa, Rubens nos la presenta ya muerta en el suelo con el desconcierto en su ojos y las serpientes en plena huida. Por último, Franz von Stuck nos muestra a la Medusa de mirada hipnótica, de cuyos ojos apenas podemos apartar nuestra mirada. Un rostro de femme fatale tan del gusto de su autor, a diferencia del que pintó Caravaggio que hizo de su Medusa un terrible autorretrato.

Cabeza de Medusa de Rubens. 1618
Cabeza de Medusa por Peter Paul Rubens. 1618
Medusa por Caravaggio. 1597
Medusa por Caravaggio. 1597

La Plaga por Arnold Bocklin. 1898

Una aterradora metáfora visual de la enfermedad a partir de su personaje central: una figura cadavérica subida en una bestia alada que sobrevuela una ciudad, propagando la muerte y generando dolor y sufrimiento a su paso.

Mientras, en la parte inferior del cuadro, asistimos al desconsuelo de un hombre que acaba de perder a su amada, que yace muerta en el suelo vestida de novia. 

«¿Y si este mundo fuera el infierno de otro planeta?»

Aldous Huxley

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