LA TRISTEZA DEL ÁNGEL

Todos los días desde hacía un año, a la mañana temprano se paseaba por las salas del museo, a esas horas todavía vacías. Lo hacía despacio, escuchando con ojos vigilantes las palabras de color y mármol que a su paso las obras le susurraban. Buscaba en ellas inspiración para soltar el dolor que llevaba dentro, necesitaba hacer suya su pena. Quería que la tristeza que allí veía le llegara en forma de llanto… pero solo se quedaba en tormenta seca.

Hasta la mañana en que su mirada se posó en aquel rostro doliente, un ángel que desconsolado sostenía a un Cristo muerto, y en su cara vio la tristeza más triste jamás pintada. Entonces lo miró a los ojos, agarró su bolso, cogió un pincel, se pintó una lágrima…. Y por fin, estalló un sollozo.

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